EL QUINDÍO DESPUES DE 60 AÑOS
- Juan de Armenia

- 15 jul
- 4 min de lectura

Este departamento es uno de los lugares más maravillosos de Colombia. Hoy se ha convertido en un gran parque temático a cielo abierto para el mundo, un lugar donde se puede vivir, invertir y disfrutar. Cuenta con una hermosa capital, de 137 años, cuya existencia es un verdadero milagro, no solo por la forma como nació, creció y se estremeció en 1999, sino porque hoy busca despertar y revivir como una capital espiritual, con valores y libre de esa clase polítiquera rancia y corrupta que quiere seguir desangrando el Quindío para llenar sus sucios bolsillos, sin pensar en los sueños de los empresarios que hacen un enorme esfuerzo y sacrificio, de las familias cafeteras que durante muchos años lo han dado todo y nos hicieron grandes, y de un pueblo que mantiene la esperanza de que algún día este círculo vicioso de corrupción sea reemplazado por uno virtuoso.
Quienes nacimos aquí y conocimos hombres como su primer gobernador, Ancízar López López, gestor de la creación del Quindío en 1966, quien, junto con Silvio Ceballos y otros personajes como Juan Zuluaga y Lucélly García de Montoya, fuimos testigos de su lucha por este terruño con grandes ideales. También hubo muchos hombres cívicos menos reconocidos, porque lo suyo no era figurar en cargos públicos ni ejercer liderazgo político, sino entregar, por amor a esta tierra, valiosos aportes sin esperar reconocimiento alguno. Muy distinto de muchos de los hipócritas de ahora, seres mezquinos e ingratos que solo buscan darle continuidad al saqueo, hacer riquezas para ellos y sus familias y limitarse a mencionar, por protocolo, lo que otros hicieron, enlodando el legado de quienes amaron con sinceridad al pueblo quindiano.
Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Sin embargo, después de años de esfuerzo y sacrificio en la búsqueda incesante de un cambio de liderazgo para el Quindío, que se parezca, al menos en algo, a lo realizado por aquellos hombres valiosos, encuentro el anuncio de un gran plan de desarrollo que promete la unión del sector público, el privado, la academia y la sociedad civil. Es un discurso lleno de sueños y promesas que vuelve a despertar la ilusión. No obstante, mientras no exista un cambio profundo en el corazón del ser humano, que es corrompido y perverso, dudo que podamos avanzar y esperar el cumplimiento de esas metas en el 2050.
Y no se trata de ver el vaso medio vacío; se trata de reconocer la realidad. El sector público está secuestrado por la corrupción. Basta observar lo hecho por el llamado Gobierno del Cambio, que hoy agoniza en el país, o lo sucedido en el Quindío y Armenia con los últimos gobernadores o alcaldes. El sector privado también está contaminado y, mientras no cambien la clase política ruin y sus gobernantes, muchos empresarios tendrán que acomodarse para poder subsistir. Y la academia, que durante mucho tiempo vimos con admiración su enorme y valiosa contribución, y que fue el "alma mater", la formadora de intelectuales y eruditos, hoy es en muchos casos, una gran productora de doctores sin valores; de miles de ladrones de cuello blanco que desangran los recursos públicos en todo el país, solo pregunte cuantos ingenieros, abogados, economistas y contadores están condenados por bellacos y bandidos. Los profesionales de hoy no son los arquitectos del cambio, sino los líderes de poderosas estructuras criminales enquistadas en los más altos niveles de la sociedad y del Estado. Visite el Congreso de Colombia y encontrara la mayoría de sus sillas ocupadas por corruptos y perversos que legislan y facfuran en su propio beneficio.
El país celebró con alegría la llegada del señor Abelardo de la Espriella a la Presidencia. Sin embargo, dudo que en el Quindío algo cambie o que podamos recuperar la esperanza. El primero en difundir imágenes falsas de un supuesto abrazo con el presidente electo fue el señor César Augusto Pareja, "Toto", quien aseguró ante los medios de comunicación que ahora sí había llegado la prosperidad para este departamento.
Mi pensamiento es el de un viejo soñador ya cansado de esperar algo mejor para todos; un abuelo que soñó con qué entregáramos al prójimo el amor y la sabiduría que llevamos en nuestro interior y no la maldad. Desafortunadamente, hoy veo ese sueño como algo imposible. En el Quindío ya no hay orquídeas; lo que hay son "ángeles caídos". El hacha fue reemplazada por el serrucho. Ya nó hay arrièros; hay dueños de la ciudad y de los contratos, que no recorren las calles con los pies descalzós, sino a bordo de lujosas camionetas Toyota, compradas con el dinero de todos, dinero que llega a ellos sin esfuerzo y por debajo de la mesa. Por eso, después de 60 años, resulta mucho más fácil y "exitoso" ser ladrón, mentiroso, mezquino, ingrato; convertirse en un sér malvado para vivir con comodidad y ser aceptado entre abrazos, besos y mucha malicia en medio de la sociedad actual.
Descarga aquí nuestra más reciente edición del Informador Despierta Quindío: https://drive.google.com/file/d/1jPz0q8u4m_-puSGYEMENGnNwqqfGuSb2/view?usp=drive_link




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