Historia de resiliencia tras la tragedia en Venezuela: “Perdí las piernas, pero no la capacidad de reír”
- Despierta Quindío

- 25 jul
- 2 min de lectura

Pasado un mes del destructivo doblete sísmico (de magnitud 7,5 y 7,2) que azotó al estado de La Guaira y a varias regiones de Venezuela —dejando un saldo devastador de más de 5.400 muertos y 17.000 heridos—, emergen historias de milagro y coraje que conmueven al continente. Una de ellas es la de Karina Bechara, quien sobrevivió 23 horas atrapada bajo las ruinas de un edificio colapsado y hoy se convierte en símbolo de fortaleza tras sufrir la amputación de ambas extremidades inferiores.
El horror bajo los escombros: “Primero el ruido, luego el silencio que asusta”
Karina relató los angustiosos momentos posteriores a las sacudidas del 24 de junio. Recuerda cómo un estruendo ensordecedor dio paso a una calma aterradora bajo toneladas de concreto:
“Estar bajo los escombros durante 23 horas hace una marca importante en la vida de cualquier persona. Nunca perdí el conocimiento; me tocaba el cuerpo para revisar mis lesiones. Cuando llegué a las piernas, me percaté de que estaban partidas y bloqueadas por el peso. Entendí que la mejor manera de sobrevivir era mantener la calma y esperar que alguien llegara”, expresó la sobreviviente.
Tras horas de gritar por auxilio en la oscuridad, fue escuchada por un familiar que inició las labores manuales de remoción. No obstante, la complejidad del colapso estructural requirió la intervención de equipos especializados.
Un rescate titánico liderado por los «Ángeles de la Autopista»
La operación de rescate se extendió durante horas. Diversos cuerpos de socorro intentaron liberarla sin éxito, debido a la presión de las placas de concreto sobre sus miembros inferiores.
Fue el grupo de paramédicos y bomberos conocido como los Ángeles de la Autopista —encabezado por rescatistas como Cris Acosta, de 19 años— el que logró finalmente extraerla a salvo hacia las 5:00 p.m. del 25 de junio. Karina fue su primer gran rescate exitoso en medio del desastre.
Al ser trasladada a un centro médico, su único pedido era preservar sus extremidades. Sin embargo, dada la gravedad de la compresión muscular y el riesgo inminente para su vida, los médicos debieron realizar la amputación de ambas piernas: “Karina, perdóname, pero era tu vida o eran tus pies”, le comunicó el equipo quirúrgico.
“Somos instantes”: Un mensaje de fe y esperanza
Pese a las graves secuelas físicas y al duelo colectivo que atraviesa el país —donde más de 23.000 personas continúan en refugios temporales y la FICR alerta sobre severos daños en servicios básicos—, Karina afronta el proceso de recuperación con un espíritu inquebrantable.
El valor del presente: Hace referencia a su tatuaje con la frase "Somos instantes", recordando que tras pérdidas familiares previas y 39 segundos de terremoto, la vida puede cambiar drásticamente.
El camino hacia adelante: Asume la meta de obtener prótesis y retomar sus rutinas.
“Perdí las piernas, pero no la capacidad de reír. Caerse está permitido, levantarse es obligatorio. Estoy viva, a diferencia de muchísimos, y no pierdo la fe de que vendrán tiempos mejores”, concluyó Karina.




Comentarios