La paradoja de la tasa de usura: ANIF propone flexibilizar su cálculo para frenar el ‘gota a gota’ en Colombia

Un informe de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF) advierte sobre la profunda brecha de inclusión financiera que enfrenta el país: cerca de la mitad de la población adulta en Colombia no tiene acceso al crédito formal. Esta barrera afecta en mayor medida a los hogares de menores ingresos y a las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), empujándolos hacia esquemas de financiamiento informal de altísimo costo.
De acuerdo con los datos presentados por el gremio financiero, en los hogares que perciben menos de un salario mínimo los bancos tan solo financian el 21,7% de sus deudas, mientras que los prestamistas ilegales y el denominado ‘gota a gota’ abarcan el 17,7%. En contraste, en los estratos de mayores ingresos (más de cuatro salarios mínimos), la bancarización alcanza el 64,1% y la presencia del crédito informal cae a un 3,7%.
El costo de la informalidad frente al techo legal
El reporte de ANIF y Colombia Fintech destaca la disparidad en las tasas de interés. Mientras la tasa de usura promedio en el sistema formal se ubica sobre el 27% anual, los cobros en el mercado del 'gota a gota' alcanzan promedios de 382% anual para las personas y se disparan hasta un 666% anual en el caso de las mipymes.
La entidad explica que la metodología actual de la tasa de usura —concebida para proteger al consumidor contra cobros desmedidos— termina actuando como una barrera de entrada. Al fijar un límite rígido que no compensa el perfil de riesgo de personas o pequeñas empresas sin historial crediticio, los bancos optan por negar la aprobación de los préstamos, dejando a este sector vulnerable expuesto a cobros extorsivos.
La propuesta: separar la certificación del Interés Bancario Corriente (IBC)
Para solucionar esta paradoja sin eliminar la figura legal de la usura dentro del Código Penal —lo que dejaría impunes las prácticas del 'gota a gota'—, ANIF propone modificar la forma en que se calcula el Interés Bancario Corriente (IBC).
Actualmente, el IBC unifica las carteras de consumo y crédito ordinario (comercial), a pesar de que este último abarca a grandes empresas con menores niveles de riesgo. Separar ambas mediciones permitiría ajustar la tasa del crédito de consumo al riesgo real del segmento.
Proyección del impacto económico
Incremento en la cartera de consumo: De aprobarse la separación, el IBC de consumo subiría del 19,2% al 24,3%, generando un impulso estimado del 5,3% en el crecimiento real de la cartera, lo que pondría en circulación $11,8 billones adicionales.
Impacto en el sector comercial: Equiparar el techo comercial con la nueva cifra proyectada para consumo incrementaría la cartera en un 3,2%, inyectando otros $13,0 billones al mercado formal.
Con esta flexibilización, la entidad proyecta una expansión combinada de $24,8 billones en la oferta de crédito formal para respaldar la economía de los hogares de menores ingresos y el tejido empresarial de menor escala.





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